Echo de menos tu sonrisa.
Setenta y seis
interminables horas sin disfrutar de la octava maravilla del mundo.
Sin verte, ni oírte. Ni
en persona, ni en la pantalla de mi comunicador portátil, pues aquí,
en este precioso y primitivo planeta no llega la frecuencia de onda.
Las primeras horas de
desconexión no tuve demasiado tiempo libre, porque tenía un montón
de controles que revisar en la nave, y en los ratos libres, que eran
pocos, veía los videos de nuestras últimas conversaciones, una y
otra vez, hasta saberlas de memoria.
Pero ahora el vacío
congela mi angustiado corazón.
A pesar de que tengo todo
lo que cualquier Belisiano necesita: Bebida, comida, una buena cama y
diversión.
Mi robot personal está
totalmente adaptado a mis posibles estados de ánimo, y contiene
todas las aplicaciones que puedo necesitar para todo lo que se me
ocurra.
Además, no tengo muchas
horas libres, pues mi trabajo me absorbe mucho tiempo y energía.
Pero no puedo sentir tus
leves espasmos cuando mis manos acarician tu suave piel, y mis dedos
se hunden en tu cálida y húmeda fragancia.
Tu carcajada melodiosa y
sincera retumba en lo más profundo de mi cerebelo, en una caja de
resonancia que me alegra y entristece a la vez. Me alegra el recuerdo
de las horas vividas a tu lado. Me entristece pensar que mi misión
en La Tierra durara dos interminables años.
Demasiado tiempo sin tu
aliento en mi cara.
Demasiado tiempo sin el
brillo de tus ojos. Sin la profundidad de tu mirada sincera.
Demasiado tiempo sin tus
caricias en mi espalda, mezcladas con suaves y sensuales arañazos.
Demasiado tiempo sin ver
como el viento caprichoso juega con tu pelo.
Cuando recibas esta carta
mi barba estará larga, canosa y descuidada, pues me faltará
motivación para cuidar mi físico.
Además, hay una cosa
importante: pronto tendré que comenzar mi metamorfosis para pasar
desapercibido entre los humanos, pues, como sabes, aunque son muy
parecidos a nosotros hay leves diferencias en la piel y los ojos que
llamaría la atención a pocos metros.
Cuando recibas está carta
nuestro querido planeta habrá completado otro ciclo orbital.
Cuando recibas esta carta
un millón de estrellas se habrán desintegrado para siempre, siendo
sustituidas por otras más brillantes y pequeñas.
Pero ninguna brillará
como tú.
Ni se moverá con tu
gracia.
Ni será tan cálida y
acogedora como tu regazo.
Echo de menos tu sonrisa.
Pero esta noche volveré a
disfrutar de la octava maravilla del mundo, temiendo que con el
despertador se desvanezca.
Cien años luz no es
distancia suficiente para que mi amor por ti vaya perdiendo
intensidad.
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