domingo, 24 de septiembre de 2017

1. La misión.



Echo de menos tu sonrisa.
Setenta y seis interminables horas sin disfrutar de la octava maravilla del mundo.
Sin verte, ni oírte. Ni en persona, ni en la pantalla de mi comunicador portátil, pues aquí, en este precioso y primitivo planeta no llega la frecuencia de onda.
Las primeras horas de desconexión no tuve demasiado tiempo libre, porque tenía un montón de controles que revisar en la nave, y en los ratos libres, que eran pocos, veía los videos de nuestras últimas conversaciones, una y otra vez, hasta saberlas de memoria.
Pero ahora el vacío congela mi angustiado corazón.
A pesar de que tengo todo lo que cualquier Belisiano necesita: Bebida, comida, una buena cama y diversión.
Mi robot personal está totalmente adaptado a mis posibles estados de ánimo, y contiene todas las aplicaciones que puedo necesitar para todo lo que se me ocurra.
Además, no tengo muchas horas libres, pues mi trabajo me absorbe mucho tiempo y energía.
Pero no puedo sentir tus leves espasmos cuando mis manos acarician tu suave piel, y mis dedos se hunden en tu cálida y húmeda fragancia.
Tu carcajada melodiosa y sincera retumba en lo más profundo de mi cerebelo, en una caja de resonancia que me alegra y entristece a la vez. Me alegra el recuerdo de las horas vividas a tu lado. Me entristece pensar que mi misión en La Tierra durara dos interminables años.
Demasiado tiempo sin tu aliento en mi cara.
Demasiado tiempo sin el brillo de tus ojos. Sin la profundidad de tu mirada sincera.
Demasiado tiempo sin tus caricias en mi espalda, mezcladas con suaves y sensuales arañazos.
Demasiado tiempo sin ver como el viento caprichoso juega con tu pelo.
Cuando recibas esta carta mi barba estará larga, canosa y descuidada, pues me faltará motivación para cuidar mi físico.
Además, hay una cosa importante: pronto tendré que comenzar mi metamorfosis para pasar desapercibido entre los humanos, pues, como sabes, aunque son muy parecidos a nosotros hay leves diferencias en la piel y los ojos que llamaría la atención a pocos metros.
Cuando recibas está carta nuestro querido planeta habrá completado otro ciclo orbital.
Cuando recibas esta carta un millón de estrellas se habrán desintegrado para siempre, siendo sustituidas por otras más brillantes y pequeñas.
Pero ninguna brillará como tú.
Ni se moverá con tu gracia.
Ni será tan cálida y acogedora como tu regazo.
Echo de menos tu sonrisa.
Pero esta noche volveré a disfrutar de la octava maravilla del mundo, temiendo que con el despertador se desvanezca.
Cien años luz no es distancia suficiente para que mi amor por ti vaya perdiendo intensidad.


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