viernes, 22 de septiembre de 2017

4. Aprendiendo el idioma


Aprendiendo el idioma
Hola cariño.

Si pudieses verme ahora mismo no me reconocerías, aunque mi voz sigue siendo la misma, de momento, pero por poco tiempo. Escaparías corriendo al verme, o peor aún me darías una descarga completa con tu pistola termoeléctrica superautomatica.

Mis ojos tapados por unas horrendas gafas negras, el pelo más grueso y duro que has visto en tu vida, cinco dedos en cada una de mis manos. Los colmillos escondidos tras unas horribles fundas semejantes a los dientes humanos, desiguales, ligeramente amarillentos, para no llamar la atención lo más mínimo, amor mio. En pocas horas mi voz será humana.

¡Una transformación deprimente!

A través del sistema de vigilancia he grabado a varios terrícolas en algunas situaciones, alrededor de El Corte Ingles, el centro comercial, cuya misteriosa construcción parece carecer de entradas de luz natural. Soy incapaz de imaginarme que moderna tecnología utilizan para disponer de alumbrado sostenible.

¡Mucho tenemos que aprender de los seres humanos!

El idioma más utilizado aquí -y en gran parte de este mundo- se llama Español. Me centraré en estudiar este idioma.

A partir de ahora te escribiré en él para ir practicando. Tu también debías hacerlo por si me acompañas en futuros viajes, cosa que me encantaría.

Adjunto te envío aplicación de traductor instantáneo.

Que sepas que salí afuera de la nave por primera vez y me acerque a un destrozado edificio en ruinas.

¡Qué emoción!

Entré por la puerta y subí escaleras arriba, hasta que, un grito agudo paralizo mis corazones un corto lapso de tiempo, metalizando mi sangre, dentro de mis propias venas. Del susto casi pierdo la peluca postiza. En cuanto me repuse del susto avance hacia delante, caminando con mis propios pies, con paso inseguro, seguro de que no sería esa la mejor noche de mi triste vida.

Una peste hedionda que olí con mi nariz, me recordó un feo cadáver de un viejo anciano muerto de una hemorragia sanguínea, cerca de mi casa, que vi con mis propios ojos, cuando era un joven adolescente. Preso de asco y pánico salí afuera, bajando abajo por las escaleras a vomitar. La fría y húmeda lluvia me obligo a volver a entrar adentro, protegiéndome del frio helado, para decidir qué decisión tomar, puesto que volver otra vez a vomitar o me apetecía nada.

Pero seguro de que yo era el protagonista principal, no dudé lo más mínimo de continuar avanzando hacia adelante y, aquella situación no iba para nada con mis planes.

Cansado de molestas incomodidades, me dije a mi mismo, que lo mejor era salir afuera y volver a entrar otra vez adentro de la nave.
Te echo de menos amor mio.




No hay comentarios:

Publicar un comentario