Aprendiendo el idioma
Hola cariño.
Si pudieses verme ahora
mismo no me reconocerías, aunque mi voz sigue siendo la misma, de
momento, pero por poco tiempo. Escaparías corriendo al verme, o peor
aún me darías una descarga completa con tu pistola termoeléctrica
superautomatica.
Mis ojos tapados por unas
horrendas gafas negras, el pelo más grueso y duro que has visto en
tu vida, cinco dedos en cada una de mis manos. Los colmillos
escondidos tras unas horribles fundas semejantes a los dientes
humanos, desiguales, ligeramente amarillentos, para no llamar la
atención lo más mínimo, amor mio. En pocas horas mi voz será
humana.
¡Una transformación
deprimente!
A través del sistema de
vigilancia he grabado a varios terrícolas en algunas situaciones,
alrededor de El Corte Ingles, el centro
comercial, cuya misteriosa construcción parece carecer de entradas
de luz natural. Soy incapaz de imaginarme que moderna tecnología
utilizan para disponer de alumbrado sostenible.
¡Mucho tenemos que
aprender de los seres humanos!
El idioma más utilizado
aquí -y en gran parte de este mundo- se llama Español. Me
centraré en estudiar este idioma.
A partir de ahora te
escribiré
en él para
ir practicando. Tu también debías hacerlo por si me acompañas en
futuros viajes, cosa que me encantaría.
Adjunto te envío
aplicación de traductor instantáneo.
Que sepas que salí
afuera de la nave por primera vez y me acerque a un destrozado
edificio en ruinas.
¡Qué emoción!
Entré
por la puerta y subí
escaleras arriba,
hasta que, un grito
agudo paralizo mis corazones un corto
lapso de tiempo, metalizando
mi sangre, dentro de mis
propias venas. Del
susto casi pierdo la peluca
postiza. En cuanto me
repuse del susto
avance
hacia delante,
caminando con mis
propios pies, con paso
inseguro, seguro de que no sería esa la mejor noche de mi triste
vida.
Una
peste hedionda
que olí con mi nariz,
me recordó un feo cadáver
de un viejo anciano muerto de una hemorragia sanguínea,
cerca de mi casa, que vi con mis
propios ojos, cuando
era un joven
adolescente. Preso de
asco y pánico salí
afuera, bajando
abajo por las
escaleras a vomitar. La fría y húmeda
lluvia me obligo a
volver a entrar
adentro, protegiéndome
del frio helado, para
decidir qué decisión
tomar, puesto que volver
otra
vez a vomitar
o me apetecía
nada.
Pero
seguro de que yo era el protagonista
principal, no dudé lo
más mínimo
de continuar avanzando
hacia adelante y,
aquella situación no iba para nada con mis planes.
Cansado
de molestas
incomodidades,
me dije a mi mismo,
que lo mejor era salir
afuera
y volver a entrar otra vez adentro de la nave.
Te
echo de menos amor mio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario